31 marzo 2005

Nueva imagen del blog - versión BETA

Bueno, pues aquí está parte del nuevo diseño que quiero darle al blog. Está en fase BETA, ¿eh? Es decir, que aún tengo que rediseñar el encabezado, cambiar el aspecto de los posts, integrar mejor el contador con el fondo, poner alguna fotillo mía (¡para que se vea que soy un gallipato!), seguir cambiando el aspecto del menú de la izquierda... pero bueno, mientras esto está plenamente activo.

Muchas gracias a todos los que habéis escrito durante estas últimas horas, y perdonad por no responder ni publicar un post el 30 de marzo, pero es que he tenido problemas con la conexión a internet, y además me he centrado en el rediseño.

Un saludo, ¡y pronto regresaré con nuevas aventuras!

¿Qué os parece el nuevo aspecto que está adquiriendo el blog?
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29 marzo 2005

Me molesta (versión Heavy del anuncio de Coca Cola)

A veces, en mi otra vida, cuando era un humano dieciochoañero enamorado, escribía cosas como estas. ¿Os acordáis del anuncio de Coca Cola que decía "para los de aquí; para los de allí"? Pues a eso se me asemeja...

Me molesta que te molestes.
Me molesta que estés rodeada millones de veces sólo de tíos.
Me molesta que cuando estamos tres, hables más con el tercero que conmigo.
Me molesta que estés más morena que yo.
Me molesta que no me des toques al móvil si no te lo pido.
Me molesta que me pidas perdón cien veces.
Me molesta que te pelees con tu hermana (yo nunca lo haría)
Me molesta que no te molestes.
Me molesta que te pongas pedo y te sientas orgullosa de ello.
Me molesta que no te leas el Evangelio y sí el libro de un fascista.
Me molesta que no entres en internet cuando necesito hablar contigo.
Me molesta que estemos molestos una vez cada treinta días (peor que con la regla)
Me molesta que no me dediques cositas bonitas en el nombre del Messenger.
Me molesta que tengas miedo de cosas absurdas.
Me molesta que se te olviden cosas importantes.
Me molesta escribir esto.
Me molesta el mundo cuando no estoy contigo.
Me molesta escuchar música que te molesta.
Me molesta sentirme a millas de ti.
Me molesta que critiques la música que escucho.
Me molesta que no te despidas de mí.
Me molesta no intentar tener los mismos errores que tú.
Me molesta el móvil.

¿Qué os molesta a vosotros cuando estáis enamorados?
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28 marzo 2005

El delfín y el mono

Un hombre que viajaba por mar llevaba consigo un mono. Al llegar a Sunion, promontorio del Atica, se desencadenó una violenta tempestad. El barco se hundió, pero todo el mundo se salvó a nado, incluido el mono.

Un delfín vio al mono y se apresuró a deslizarse bajo él, lo sostuvo y se dirigió a tierra firme. Cerca ya del Pireo, puerto de Atenas, preguntó al simio si era ateniense. Respondió el mono que, en efecto, sí lo era, y que incluso tenía en Atenas algunos parientes muy ilustres. Le preguntó el delfín si también conocía el Pireo, y el mono, creyendo que se trataba de un hombre, contestó que no sólo lo conocía, sino que era uno de sus más íntimos amigos.

Indignado ante tamaña mentira, el delfín cogió al mono y lo arrojó al agua para que se ahogase.

Esopo

moraleja: por la boca muere el mono
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27 marzo 2005

¿Primavera? ¿Dónde?

Domingo de Resurrección, veintisiete de marzo. Ya es primavera y terminan las vacaciones; unas vacaciones que han durado una hora menos por culpa del cambio de hora… a las dos de la madrugada eran las tres, y entre medio quedó una hora vacía, sin tiempo, como si hubiera caído en un agujero negro. ¿Qué podría haber pasado en ese espacio-tiempo desaparecido? Quizás en algún lugar del mundo podría haberse resuelto un conflicto internacional, terminado una guerra (o comenzado otra), o quién sabe qué. ¿Y a mí qué me podría haber sucedido? Poca cosa, la verdad. Yo a esa hora habría estado delante del ordenador, hablando con nadie, escribiendo nada; sencillamente, dejando la vida pasar, así que el adelanto de los relojes me ha hecho un favor: irme a dormir antes, y esperar, esperar.

Ahora, al fin, anochecerá a eso de las nueve (e irá en aumento, como es normal todos los años), pero en cambio, amanecerá otra vez más tarde. ¡Con lo feliz que era yo madrugando siendo de día!

Qué tristeza da levantarse al tiempo que los grillos tocan un nocturno en las sombras…

Además, el reloj interno que todos llevamos dentro del cuerpo también hace cambiar el comportamiento del mismo. Sin ir más lejos, yo ya me estoy asando de calor en mi cuarto, y mis patitas comienzan a sudar más de la cuenta (vamos, que los pies me huelen de forma sospechosa) En breve me encontraréis por la calle arrastrándome sin energías, buscando desesperadamente lugares de sombra, charcos de agua en los que chapotear y saciar mi sed, aparatos de aire acondicionado sobre los que dormir.

Estas son las consecuencias de vivir en una parte del mundo donde se pasa de un frío invierno a un abrasador verano. La primavera ya no existe, por mucho que se empeñen en dibujarla en los calendarios para niños con árboles llenos de flores (más bien deberían dibujarme a mí dando tumbos por la calle con un charco de sudor bajo mi abdomen pegado al cemento del suelo) Y como aquí en realidad existen únicamente dos estaciones durante el año, ¿por qué no adelantar los relojes en vez de una hora, todo un trimestre? Anoche perfectamente podríamos haber pasado de estar en Sábado Santo, a hacer barbacoas noctívagas en la playa. Y fuera trabajar, fuera estudiar, ¡fuera todo el estrés!

Como alternativa, en vez de adelantar los relojes, nos deberían dar a algunos la oportunidad de atrasarlos un año, o el tiempo que fuera necesario, para corregir los errores del pasado. El problema sería que habría atascos en el túnel de tiempo, y lo mismo retrocedemos para ir a buscar a una persona en el pasado para pedirle perdón o mandarla a la mierda, y resulta que no está porque ha retrocedido igualmente para no haberte llegado a conocer (vaya corte de punto, ¿no?) Más preocupaciones para las mentes atormentadas del siglo XXI… mejor dejémoslo como está, que más vale lo malo conocido…

Yo, por lo pronto, voy a ir haciendo un hueco en el armario para guardar la manta, y esta tarde me intentaré poner al día en unas pocas materias que estoy empezando a llevar atrasadas. Ya os contaré alguna vez los misterios que acompañan la confección de procesadores de lenguaje, la programación lógica, y la inteligencia artificial.

Por cierto, si quieres salvar a Toby, un lindo conejito y colega mío, de las garras de su cruel pero necesitado amo, haz clic aquí, o en la imagen de la izquierda.

¡Saludos, y pegaos a una cañería fresquita!

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26 marzo 2005

Zeus y la tortuga

Zeus invitó a sus bodas a todos los animales. Sólo faltó la tortuga. Intrigado por su ausencia, le preguntó al siguiente día:

- Todos los animales acudieron a mi festín, excepto tú. ¿A qué se debió tu ausencia?

- ¡Hogar, dulce hogar! - respondió la tortuga -. ¿En qué mejor sitio podría estar?

Zeus, indignado contra la tortuga, la condenó a llevar su casa a cuestas eternamente.

Esopo

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25 marzo 2005

En el campito

Ya regresé de mi encuentro conmigo mismo. Agotado, con… bueno, mejor vamos por partes y en orden cronológico. Todo comenzó con un despertar muy madrugador el Martes Santo...

22-03-05

He llegado a mi hábitat. Una vez establecida la posición de mi madriguera, puedo divisar desde la ventana el hermoso paisaje que se expande más allá de las vacas. La brisa me acaricia la piel, pues el refugio está orientado de forma que una entrada da al Norte, y otra al Sur, provocando esa corriente tan agradable que invita a quedarse lagarto.

Este año parece ser que las vacas tienen diarrea, pues la zona está anegada por cacas enormes y apestosas; de hecho, nos hemos visto obligados a cambiar la posición del campamento, pues no somos capaces de quitar todos los excrementos del lugar donde solíamos ponernos en ocasiones anteriores. Y por si eso no fuera poco, en la entrada a la zona hay dos cadáveres de estos rumiantes devorados por las moscas. Mal agüero. Hablando de agua, no parece que vaya a llover, aunque sí hay nubes pasajeras.

El primer día transcurre sin más consecuencias. He intentado sacar tiempo para encontrar a mi amiga la rana, pero no ha sido posible, pues pronto se ha hecho de noche, y quién sabe qué oscuros peligros aguardan en la espesura de la hierba del campo cuando se esconde el sol...

23-03-05

Me ha despertado el golpeteo de la lluvia al caer sobre la madriguera. Es una de las mejores sensaciones que puedo experimentar en este mundo: estar bajo un aguacero, pero sin mojarte, oyendo la tormenta a tu alrededor, alcanzando a olfatear la hierba mojada.

Hoy sí que está completamente nublado. Y además llueve a ratos. A nuestra nutrida tribu de once especimenes de los más variados animales se han adherido tres más. La vuelta a mi hábitat natural está resultando de lo más relajante: mucha comida, poca actividad, y muchas rondas de chistes. Las parejas se retiran pronto del campamento para procrear. Tan sólo quedamos cinco bichos alrededor de una hoguera que se ha resistido a sucumbir bajo las aguas. No duramos demasiado, pues aunque la noche sea clara (se han ido las nubes y han dado paso a una resplandeciente luna y unas centelleantes estrellas), nuestras mentes caen pronto en la oscuridad (o claridad, según se mire) del sueño.

24-03-05

Amanece el Jueves Santo en el campamento. Una vaca equipada con un cencerro no ha parado de pasearse al libre albedrío por el campamento; qué dolor de cabeza da escuchar el continuo tolón-tolón toda la noche, eso deja secuelas. La noche anterior también estuvo rondando, pero no tanto como hoy. Las cacas de vaca se han multiplicado y resecado, pues hoy, nuevamente, ha resurgido un sol llameante.

Estoy cambiando, algo se mueve dentro de mí: no me agrada tomar el sol hasta coger una insolación, prefiero estar (como en estos momentos) dentro de mi refugio con una corriente que acaricia mi húmeda piel requemada. Ya se han ido cuatro compañeros, así que pasaremos las últimas veinticuatro horas únicamente diez. A la hora en la que el sol pierde fuerza y no es capaz de dañar mi sensible piel, resurjo de la madriguera para presenciar una cruenta escena:

Se ha formado un corro en torno a la hoguera, pues dos caballeros de Morcia han caído fruto de las llamas, tras un sanguinario combate sobre el tronco que mantiene viva la pira. Los pobres caballeros de Morcia, que habían llegado ocultos a nuestro campamento en sendas cajas de cereales, han sido enterrados con todos los honores en las cálidas tierras que se extienden junto al riachuelo donde extraemos el agua para beber.

Por la noche, hemos tenido nuestra última cena en el campito, y a dormir.

25-03-05

Ha amanecido soleado. Todo ha sido muy rápido: levantarse, recoger bártulos, nublarse, llover, y salir corriendo con las cosas como buenamente hemos podido cargar. En el camino de vuelta he sentido un nudo en el estómago pensando que este año no me he encontrado con mi amiga la rana. ¿Qué le habrá ocurrido para no haber visitado nuestro campamento? Igual también ella ha aprovechado para cambiar de aires y visitar la ciudad en las vacaciones. Es curioso, pero los seres de ciudad tienden a irse a lugares donde desconectar del fugaz mundo, mientras que los seres rurales desean conocer la contaminación y la agitación del día a día metropolitano. Si es que siempre se nos antoja la comida del vecino...

Después de unos días de poco descanso (no hay nada como el lecho propio), poca higiene, y mucho comer, me encuentro con mal cuerpo, como mareado, con fatiga. También se podría pensar que el ambiente de este año ha sido poco propicio para “encontrarme a mí mismo”, pues predominaban las parejas por encima del grupo. Quizás lleven razón los que piensan así, y quizás no. Sinceramente, me alegro y me encanta ver el amor y la amistad que se profesan Patatita y Chiki. A ellos les dedico estas escasas líneas que componen el post, pues son el fiel reflejo de lo que creí ser, no soy, y anhelo. Mientras, yo sigo mi camino, purificado por el aire de la naturaleza, y desahogado al comprobar que la mejor terapia es comunicar tus pensamientos a la gente que te quiere escuchar.

El año que viene volveremos a vernos, querido campito...

PD: Una vez más, las imágenes han sido por cortesía de Patatita, cómo no.

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21 marzo 2005

Sin rencores

Hoy te perdono, o más bien debería decir: me perdono. Fui yo quien estaba equivocado. No eras lo que buscaba, quien creía que eras, mas aún no sé lo que busco, ni qué encontraré; lo que sí sé es que ya no te guardo ningún rencor…

... hoy, no.

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20 marzo 2005

El anciano y la muerte

Un anciano, después de cortar leña, la cargó a su espalda. Después de caminar un rato se detuvo, fatigado por la marcha, y soltó la pesada carga. Entonces llamó a la muerte; ésta se presentó y le preguntó por qué la llamaba, a lo que contestó el anciano:

- Te he llamado para que me ayudes a cargar la leña…

Esopo

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19 marzo 2005

Viernes de Dolores - parte II

De vuelta de la Fiesta de la Primavera, yo, el gallipato parlante, he sido pisoteado por la muchedumbre que inundaba las calles. No he podido pasar desapercibido, al momento me han identificado como un bicho raro, pues no fui capaz de integrarme en sociedad. Lo más que me he podido integrar es con las montañas de basura generada por la juventud del botellón, que es lo que está a mi altura. No he visto a las niñas y niños que nombraba en el post anterior (seguramente porque estarían en el colegio dando clases), pero eso no descarta que haya visto a otro tipo de personas igualmente criticables… aunque creo que ya es hora de irme replanteando si realmente el criticable soy yo.

Prefiero no ponerme demasiado crítico con este tipo de diversión basada en el triángulo beber-fumar-flipar, pues a veces formo parte de él. De todas formas, no soy como ellos, pues yo aún estoy intentando localizar el puzzle al que pertenezco; ellos al parecer ya lo han encontrado.

Sólo un último detalle quería dejar con respecto a esta celebración. Las borracheras pueden provocar el envío de mensajes a móviles sin sentido como el que se puede leer a continuación:

Killo tamo n l eskina dl edificio redondo pro e perdio al pere

¿Desde cuándo los edificios redondos tienen esquinas? Puedo demostrar que este mensaje es verídico.


Dentro de unas pocas horas recogeré los bártulos y me iré a tomar un tren a ninguna parte, el sitio donde nunca nací, pero del que nunca renegaré. Permaneceré un par de días para luego visitar a mi amiga la rana, la que ya conocéis por la foto que publiqué anteriormente. Allí me encontraré a mí mismo, y quién sabe si dejando de estar en cautividad, aislado de esta sociedad inexplicable consigo convertirme en persona otra vez; si esto ocurre, tendré que cambiar el título de este blog, pues ya carecería de sentido.

Por lo pronto, no debo plantearme más cosas que el cómo llevarme una guitarra a las espaldas… es demasiado grande para mí.

¡Felices vacaciones a todos los seres de este mundo!

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18 marzo 2005

Viernes de Dolores

Bueno, parece ser que no me aclaro del todo con el diseño del blog, y no paro de hacerle pequeños cambios. El menú está en fase BETA, si haces clic sobre los títulos aparecen las opciones desplegadas debajo, y si vuelves a hacer clic sobre él, se ocultan. Además he agregado esa cosa extraña que sirve para dejar mensajitos, por si hay gente que no tiene ganas de comentar posts pero le apetezca dejar su huella en el blog. Pronto haré más cambios, hasta conseguir un diseño rompedor.

Los días pasan en la vida de este ser sin notable mejoría, pero también sin empeoramiento. Ayer tuve una sobremesa a pleno sol, con mi piel empezando a brillar por efecto del calor, y posteriormente otra terrible prueba de muerte súbita en una asignatura. Dentro de un rato, me iré con mi amigo el sapo a la Fiesta de la Primavera, para ver si soy capaz de integrarme en sociedad, disfrazado de persona normal, aunque no creo que pase por un hombre, pues mi cola es demasiado larga como para ocultarla bajo la ropa. De todas formas, con tanta gente al libre albedrío, puede que sí la dejen pasar desapercibida.

Acontecimientos así son interesantes para hacer estudios sociológicos, pues allí pueden encontrarse todo tipo de tribus urbanas… pero hay una que destaca especialmente entre todas: la tribu quinceañera. A ver, me explico: con ese nombre englobo a todas las niñas entre doce y dieciséis años que se dedican a salir los sábados por la tarde vestidas (o debería decir disfrazadas) de putitas. Es muy triste tener que calificarlas así, pero más triste es que en su casa las dejen salir con esos trapos a modo de vestimenta, y esa actitud de supuesta madurez. También resulta muy cómico contemplar a esos grupos de niñas prematuramente desarrolladas escoltadas por niños de la misma edad, pero con la mitad de estatura. La sesera la tienen igual de atrofiada. Uno se pone a pensar qué clase de infancia han tenido, y cuánto les ha durado; han pasado de estar con el correpasillos en casa molestando al vecino de abajo, a ponerse minifaldas y tener un móvil con cámara para jugar a ser adultos, como si de un juego de rol se tratara, pero tomado verdaderamente en serio.

Llevo ya bastante tiempo dándole vueltas a todo esto, pero un artículo en mi amado diario 20 minutos me ha abierto los ojos, y cerrado el estómago.

A los quince años ya fuman y beben, y a los catorce se compran su primera minifalda.

Me da pena que se pierdan los juegos de niños: las muñecas, las construcciones, y todo aquello que tarde o temprano sirve para fomentar las aptitudes sociales y motrices.

En fin, no siento odio por estos niños (al fin y al cabo, no dejan de serlo, al menos por la edad), solamente lástima. También tengo una inmensa interrogación encima de mi cabecita dirigida hacia los padres, porque es muy fácil decir que la culpa la tiene la sociedad.

Hago un paréntesis para irme de parranda. Procuraré dejar después de ésta la segunda parte del post.

¡Hasta pronto, humanos!

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17 marzo 2005

Muerte por agotamiento

Sí, creo que voy a morir de agotamiento. Dejo el lavado de cara del blog a medias (el menú de la izquierda está aún muy "verde") para mañana terminarlo, y además tengo que escribir un auténtico post, pues hoy habría sido un día importante para mí si estuviéramos viviendo en el pasado.
Además, tengo que agradecer la colaboración de mis curiosos visitantes al dejar comentarios en mi último post. ¡Espero no defraudar a nadie! Bueno, la verdad es que yo intentaré seguir en el mismo plan, y a quien no le guste que no lea.
¡Hasta pronto, humanos!
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16 marzo 2005

El puzzle de una vida

Estos de Microsoft se empeñan en amargarnos la vida continuamente, renovando software y haciendo que los programas se nos queden obsoletos ante la avalancha de nuevas tecnologías y medios de dejar tu huella en Internet.

Ahora, gracias al nuevo Messenger 7.0 (en su versión BETA), puedes enviar guiños, zumbidos, y otras subnormalidades variadas que hacen de esta forma de comunicación algo menos que un juego de niños: un juego de idiotas que lo único que hace es comer recursos inútiles al ordenador (además de ejecutar programas en segundo plano, conectarse a Internet cuando le viene en gana, y otras cosas que los anti-Gates tienen grabado en el cerebro) y tarde o temprano tendrás que acatar porque otra cosa no hay.

Ahora, además, puedes tener tu propio espacio web en el que meter tus gustos musicales, un álbum de fotos, blogs favoritos, el perfil MSN de toda la vida… ¡incluso te proporciona un blog! Todo, por supuesto, con una interfaz la mar de amigable, con botoncitos gorditos y de colorines, como le gusta ahora a la gente. He de reconocer que ese tipo de estupideces me gusta rellenarlas, como si a alguien le interesara. Bueno, al menos a mí sí que me gusta ver los de los demás; siempre y cuando estén bien trabajados, pueden decir mucho de una persona. Es más, hoy me he tirado mis buenos ratos delante del TFT rellenando varias listas de música con los temas que me gustan de los géneros que más me gustan. Pronto lo iré rellenando, además de los álbumes de fotos, en el que ya he introducido veintidós imágenes variopintas de mi pasado humano (sí, porque te diré que sigo siendo por tiempo ilimitado un gallipato, por si no lo sabías o no te acordabas) De mi pasado humano porque es el que vende, ya que meter ahí fotos de un gallipato y sus colegas anfibios da una imagen muy National Geographic que no vende en absoluto. Y a mí me gusta la fama (sólo hasta cierto punto), algo que ya nombré al comienzo del post anterior.

Tarde o temprano, todos acabamos cayendo en un pozo de debilidades comunes, todos acabamos convirtiéndonos en seres clónicos, planos (pues todo nos es conocido)

Al final, para no ser clónico, será mejor quedar en el completo anonimato, sin Internet, sin móvil, sin salir a la calle. Por esta misma razón, en Semana Santa el gallipato se va de acampada, completamente aislado de la civilización, durante tres días. Por fin veré mi hábitat natural, pues en el que vivo sólo estoy encajado malamente, cual pieza de puzzle que nos empeñamos en meter en un hueco porque su color es parecido a las de alrededor, y no queremos seguir probando por mera desidia.

Esos días, que pasaré con unos amigos, serán idóneos para encontrarme a mí mismo, para llevar un cuadernillo y un lápiz, y ponerme a garabatear esperanzado en lograr escribir una epopeya digna de Homero… bueno, la verdad es que me conformo con escribir un articulillo para postear aquí en el que contar mis vivencias entre vacas y cerdos, locos por aplastarme con sus patas. Al menos yo juego con ventaja, pues gracias a mi pigmentación puedo confundirme con el pasto y el estiércol.

¿Hasta qué punto soy capaz de camuflarme e integrarme en el terreno? Pongo como ejemplo la foto de la izquierda. Os reto a que encontréis en ella a una ranita muy simpática a la que conocí hace dos años en el mismo lugar al que iré. Espero volver a encontrármela, pues es tela de enrollada y cuenta unas historias junto a la hoguera que más quisieran de guión algunas series de televisión.

En fin, me retiro a dormir sobre mi amada tubería, que ya empieza a hacer menos frío y se agradece que el metal esté fresquillo.

¡Hasta la vista, humanos!

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14 marzo 2005

Reflexiones noctívagas

Parece ser que existe gente a la que le interesa saber qué pasa por la cabeza de un gallipato. Me enorgullece, aunque eso suponga ser menos insignificante y pierda su encanto. Ya me imagino vestido con mis mejores trapos caminando por encima de la alfombra roja de los Oscar mientras meneo mi colita felizmente. Qué guapo estaría eso, pero no creo que ocurra, pues no quiero decepcionar a mis admiradores, que se pirran por mí entre otras cosas por no ser famoso. No soy como esos cantantes de pacotilla que se ciegan cuando vislumbran algún atisbo de fama, o esos futbolistas que ante tanta gloria y pomposidad se vuelven divas de la prepotencia y la ociosidad. Si yo volviera a ser bípedo, ya les enseñaría yo lo que es partirse los cuernos por su trabajo, aunque ello me supusiera dolores de cabeza.

Hablando de dolores de cabeza, me encuentro regular, pues tengo un poco de jaqueca, la garganta me duele un poco más, y tengo fatiga otro poco más. Conclusión: no debo comer hamburguesas más grandes que mi careto. Si no lo entiendes, proponte batir mi récord, y cómete enterita una hamburguesa de esas que superan el tamaño de tu cara. Pongamos que, a escala humana, esas gigantescas y diabólicas creaciones tienen un diámetro de veinticinco centímetros o más, y bien repletas de ingredientes. Para más información sobre dónde comer este tipo de cosas, haz clic aquí. No sé si este malestar me lo han pegado mis compañeros de ecosistema, o ha sido fruto del empacho; me da igual, para mí queda ese momento glorioso en el que me metía en la boca el último vestigio de pan. De todas formas, ojalá se me pase pronto, porque ya están aquí las "vacaciones", no sin antes tener que superar este jueves otra terrible prueba de una asignatura infumable.

Al menos, después de esa prueba, llegará la Fiesta de la Primavera. ¡Otra congregación masiva de gente borracha y eufórica! Esta no obstante es al aire libre y las meadas fluyen por doquier cual ríos pestilentes de oro fundido, así que da mejor rollo que contemplar eso en un local cerrado, aunque tenga poco sentido una celebración así. Este año no me la pierdo, pero claro, seguramente me cree un conflicto ético, viendo cómo el viernes de Dolores unos optan por el pecado carnal, y otros, por ver vírgenes bajo palio. Hay tiempo para todo durante el año, y la Semana Santa es muy larga como para ver procesiones el viernes antes del Domingo de Ramos. Si Semana Santa es todo el año como dicen algunos, la Fiesta de la Primavera no lo es, así que no hay debate ni conflicto posible.

Y ahora, hablando de domingos, este, como siempre (o casi siempre), ha sido poco productivo. Resulta irónico que casi por obligación el día de descanso de la semana tenga que ser uno de los días con más hiperactividad. Claro que, como es normal en mí, tantos objetivos me causan ansiedad, y al final me dedico a tostarme a la luz de una bombilla, en la inopia, o haciendo inútiles movimientos con las teclas del ordenador, los que se suelen hacer cuando no se sabe con qué capullada hacer el tonto delante del TFT: flecha arriba, flecha izquierda, flecha abajo, flecha derecha, y vuelta a empezar. Te invito a que lo intentes, verás cómo engancha esa gilipollez. Yo tengo mi récord personal en hacer 20 ciclos completos de pulsaciones de las teclas de dirección seguidos sin equivocarme, al ritmo de una pulsación cada medio segundo. Estas cosas las suelo hacer cuando ya me encuentro saturado de jugar tanto al Carta Blanca.

Bueno, creo que estoy dándole demasiadas veces a las dichosas flechitas, así que mejor corto por hoy y me acuesto, que mi húmedo cuerpo me lo agradecerá.

¡Hasta la vista, humanos!

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11 marzo 2005

Humano, demasiado humano (tributo a un pensante loco)

Hace tiempo una amiga me dijo que vivíamos en una sociedad capitalista, competitiva, que si no comías, te comían, y que tendría que dejarme de prejuicios y escrúpulos si quería poseer algo que ya tuviera amo. Fabulosa arenga, sin duda, para un pobre animal que lo único que necesita es una pizca de motivación a la hora de intentar devorar el mundo. La pena es que no tengo la boca lo suficientemente grande como para digerirlo de un solo bocado, y es más, me suelo empachar rápido.

Anoche un gallipato salió de marcha.

Iba a comerse el mundo, se había vuelto a convertir en persona por obra y gracia de la Diosa fortuna. Pero conforme transcurrían los segundos, el lado anfibio resurgía en él, hasta llegar a ser un completo ser insignificante con riesgo a ser pisoteado entre tanta muchedumbre. Qué asco de vida: yo, que tuve la oportunidad de rememorar mis tiempos de humano, recaí en la desgracia (o fortuna) de no significar nada en ese ambiente, en ese ecosistema tan capitalista, tan terrenal, pero a la vez infernal, como en los anuncios de Bacardi. Con lo bien que se está en una ciénaga, en un pantano, en un riachuelo, retozando en el agua… ver a hombres con los ojos desorbitados hacia mujeres enseñando por arriba y por abajo mientras se refriegan por las barras de las plataformas, ver a los borrachos y a las borrachas dar camballadas intentando encontrar en vano un lugar donde vomitar, creyéndose los amos del mundo por su soltura y su simpatía, ver un cuarto de baño con una auténtica ciénaga pestilente de meadas (ahí sí que no chapoteo yo), ver todo desde el suelo, procurando erguirme con las patas traseras y parecer más alto, es muy duro. Puedo sentirlo desde dos bandos: el de la impotencia por no ser como ellos, y el de la vergüenza de ser a veces como ellos. Pero siempre me quedará la autocomplacencia, convenciéndome de que ser gallipato tiene sus cosas buenas, que voy por el camino correcto; tampoco tengo otra elección, es el ser que me ha tocado vivir.

Yo no estoy hecho para ser un hombre, sino para ser un bichejo con tintes humanos, esperando que una mujer lo suficientemente cuerda como para acaparar su atención en mí, me haga volver a ser persona.

Ahí queda dicho.

PD: a veces me apetece ponerme serio, y otras, decir gilipolleces. Hoy ha tocado el lado serio.

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La vida de un pollo (por Kikirikini) - parte III

Por fin, esta es la última parte del relato del pollo este:

Quedamos en que me retiré de los ruedos porque ya no daba pie con bola, y estaba envejeciendo. A partir de ese momento me apartaron del corral. Me quedé en el paro, y como en el mundo de los gallos no hay cola del INEM, me tuve que fastidiar.
Estos fueron los peores años de mi vida, y eso que los anteriores eran malos: todos los pollos y gallolescentes cantaban mejor que yo, combatían mejor que yo, y... es muy duro admitirlo, pero también ligaban más que yo. No soy envidioso, pero esos seres plumíferos me caen fatal: son tan presumidos que... mejor ni lo digo. Ya he tenido más de un enfrentamiento con ellos, aunque no llegué a pegarles, porque me tirarían al suelo de un solo golpe.
Al estar en la última etapa de la vida, me ocurrieron otra serie de monstruosidades peores que las de la gallolescencia.
Me levanté una mañana, con las patas agarrotadas como siempre, aunque ya se me quedaron tiesas de por vida, y con el ojo derecho cerrado, como es normal en mí. Lo que pasa es que al poder abrir el ojo derecho, se me cerró el izquierdo, y así estoy: cuando se me abre un ojo, se me cierra el otro. Bueno, la cosa es que me levanté, andando como un robot, y me puse frente al espejo. Contemplé a un ser, yo, con el pico caído, mustio, mi carne medio al descubierto, desplumado en algunas zonas de mi cuerpo. Las pocas plumas que me quedaban adquirieron un verdoso insano. La cresta estaba completamente caída, tapándome la vista del ojo izquierdo, al que le tocaba estar abierto en ese momento, y por debajo de mi pico colgaban dos cosas alargadas, arrugadas, y que habían perdido su anterior color rojo vivo para ser ahora de un tono grisáceo. Dije:
— ¡Por fin ha llegado mi hora!
Pero, ciertamente, no me llegó, pobre de mí. Todavía me quedaba más tiempo por delante para sufrir.
Mi mujer desapareció misteriosamente, y a mí se me antojó pasarme el resto de mi vida sentado en una silla de ruedas, para dar más pena.
El dueño de la granja, al verme en tal estado, me llevó a un pequeño corral, aunque no merece tal nombre: Lleno de moho, cosas oxidadas, y como me corte con una de esas voy a coger algo malo, con mucha humedad, que es mala para mi reuma, y con las paredes elásticas, aunque sean de madera. Eso no es todo: el corral en cuestión no parece tal, sino que es enteramente el Hogar de los Gallos Pensionistas, con tantas gallinas viejas y viudas, porque no estoy solo: no me conseguí librar de esas gallinas insoportables.
Pero después de todo estoy contento, porque al fin dejaré esta mísera vida: Será mañana. No me suicidaré, no, que ya me hubiera gustado: me llevarán a la “Noria Caliente“, que es así como llamo yo a un asador de pollos.
Yo no tengo nada contra los humanos, pero, como mi carne está en tan mal estado, espero que se pongan malos de una indigestión al comerme (¡asesinos!)
Mi felicidad es tan enorme… dejo el Hogar de los Gallos Pensionistas, dejo a mi mujer, que volvió para contarme que me ha estado engañando con un gallo importado de Inglaterra, dejo de ver a los malditos pollos y gallolescentes, y dejo, en general, mi monótona vida. Con esto pongo punto y final a mi autobiografía, que si te ha sabido a poco te fastidias porque mi vida ha sido así y no hay más que contar. Quizá lo más apasionante, y es que soy masoquista, ocurra mañana.
Fdo:
Kikirikini del Corral Asado
FIN
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10 marzo 2005

La vida de un pollo (por Kikirikini) - parte II

El relato continua por aquí:

Un buen día pude ver cómo se me abultaba una parte del cuello, habían crecido mis patas y, si antes era zambo, ahora lo era más todavía. Contemplando con horror delante del espejo las monstruosidades que me habían ocurrido, observé que mi madre, que en paz descanse, y no lo digo más veces porque estoy hasta la misma cresta de decirlo, se me acercaba por detrás y me decía:
— ¿Qué te ocurre, mi pollito bonito? — eso lo decía para cumplir.
— ¡Madrecita querida, mira lo que tengo en el cuello! — dije yo.
— ¡Oh! ¿Ya? — se sorprendió mi madre, y no digo más “que en paz descanse” — ¡Qué pronto! ¡Mira, papá!

Entonces vino mi padre, que en paz descanse también él, y dijo:
— Vaya, vaya... mi hijo ya es un gallo...

Yo no entendía nada. Ese día me lo pasé entero haciéndome preguntas sobre qué significaba eso de “mi hijo ya es un gallo”.
A la mañana siguiente me levanté temprano, y comprobé que mis raquíticas patas, que ya eran así desde mi nacimiento, se asomaban por la cama. Salí corriendo para ponerme frente al espejo y contemplé que se estaba descolgando una cosa colorada por debajo de mi largo y verdoso pico. Asustado, lancé un grito de espanto, y de pronto me quedé mudo, comprobando que mi voz se había hecho más grave. Comencé a llorar desconsoladamente. Puse las manos sobre mi cabeza, palpando mi supuesta pequeña cresta, la cual estaba bastante crecida. Me desmayé.
Cuando pude abrir los ojos, observé a mi padre, que en paz descanse otra vez, mirándome fijamente. Finalmente dijo:
— Hijo, ya no vas a tener más clases con ese profesor.
— ¿Se ha muerto? — pregunté yo, emocionado.
— ¡No me seas más bestia! Tengo que explicártelo en una charla de gallo a gallo, porque ya no eres un pollo.

Esas palabras se me quedarán grabadas en la mente para el poco tiempo que me queda. La charla no llegó nunca, pues en esa misma tarde perdí padre, ya descansando en paz, y madre. Sin embargo, no me hizo falta esa charla, ya que a los pocos días entendí a qué se debían todos mis cambios corporales: estaba en la gallolescencia.
A partir de esos momentos sí que empecé a sufrir de verdad las miserias que me deparaba la vida. De primeras, me quedé totalmente solo para afrontar mi accidentada vida, y además desaparecieron misteriosamente mis otros compañeros (seguramente les retorcerían el pescuezo los humanos para hacer con ellos un sangriento acto al que llaman almuerzo) En el corral habían sobrevivido todas las gallinas (ya no eran pollitas) y yo, el Elegido, el Rey del Corral.
Con estas gallinas no se podía hablar de peleas de gallos, ni de cosas de machos. Siempre estaban cuchicheando entre si, rajando de las gallinas no presentes: que si tenía una cresta demasiado voluminosa... que si tenía el pico demasiado corto, largo, chato o afilado... que si no lavaba bien la ropa... que si esto... que si lo otro... ¡tonterías! Y después de todo, parecerá increíble, pero estas afiliadas al cotilleo se insinuaban delante de mí, y no porque fuese un gallo-symbol, sino porque no había otro.
Hasta ese momento siempre estuve deseando posarme en la vieja noria de al lado del corral para poder despertar al dueño de la granja con mi desafinado canto. Sin embargo, cuando me llegó el turno, supe que estuve pensando idioteces anteriormente: me tenía que levantar cuando sólo llevaba unas horas de sueño, después de una fiesta nocturna, y encima el tío se quejaba de lo temprano que se tenía que levantar. ¿Y yo qué?
En una de esas madrugadoras jornadas de trabajo, realicé uno de mis mayores actos heroicos:
Esa mañana, como todas, me levanté de la cama con el ojo derecho cerrado, que se despierta dos horas después del izquierdo. Tenía las dos patas agarrotadas, con lo que parecía un robot andando, y me fui directamente a la noria a cantar. Con el esfuerzo de subir con las patas tiesas, se me pasó lo del agarrotamiento. Ya en lo alto, canté lo justo. Tan bien me salió, que comencé a cantar por bulerías. Bailando, me resbalé, cayendo en el estiércol para los cerdos. Salí rápidamente de allí. Me erguí y descubrí a un zorro penetrando en el corral sigilosamente. Con otra actuación magistral, avisé cantando a todas las gallinas del peligro que se cernía sobre ellas. Corriendo, llegué a tiempo de que todas se despertaran y salieran despavoridas del corral, dejándome aplastado en el suelo al pisotearme. El zorro salió de allí dirigiéndose a terreno desconocido para mí: el establo.
Pasado el rato de turbación, la portavoz del grupo de las gallinas especialistas en las noticias del corazón se dirigió hacia mí y me dijo:
— Demostrando nuestra gratitud por habernos salvado la vida, te ofrecemos la posibilidad de
poder elegir a una gallina de entre nosotras como tu futura esposa.

¡Jo! Yo no me esperaba eso. En mi mente se estaba desarrollando el calendario de ese año, y no cabía duda: había llegado la época del apareamiento. Al menos me podrían haber dejado un tiempo de reflexión, aunque no habría servido de mucho, porque todas las gallinas eran iguales. Precisamente por eso escogí a mi esposa (¡glup!) echándolo a suertes, y no me pudo tocar otra: la gallina elegida resultó ser una que pasó desapercibida antes. Era la más fea y desagradable que he visto en mi vida de gallo. Encima cada vez que hablaba se le escapaban por la boca gotas de saliva que me llenaban toda la cara. Un verdadero infierno, pero el juego es el juego.
Con el lío del matrimonio se me olvidaba despertarme para cantar al amanecer. El dueño de la granja se hartó de mí y un día me dio un azote. Yo, para vengarme, le picoteé fuertemente la mano con la que me pegó. Soltó un grito y después dijo:
— Te vas a venir conmigo. Verás qué negocio hago contigo...

Yo pensé que me llevaría a que me retorcieran el pescuezo y que mi vida por fin se terminaba, pero no fue así. Me convertí en un gallo de pelea. Sembraba el terror en todos los ruedos que pisaba. Siempre ganaba, pero como todo lo bueno, si breve, dos veces bueno, me retiré, más que nada porque ya me estaban dando más golpes que de costumbre, y no quería perder.
Mirándolo por el lado bueno, podría haber seguido, y entonces perder, morir y olvidarme de ese rostro tan espantoso que veía todas las mañanas cuando me despertaba: mi mujer.
Llegados a este punto de mi autobiografía, se acaba mi edad de la juventud, y directamente paso a la última etapa de la vida que me queda: la chochera. Los gallos no tenemos edad adulta, por eso vivimos tan poco...


[continuará]
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09 marzo 2005

La vida de un pollo (por Kikirikini) - parte I

Si algo tenemos los gallipatos, es que podemos pasar ignorados por cualquier lado y realizar grandes gestas gracias a esta habilidad. En una de mis exploraciones matutinas, he extraído este material de un corral que no se encuentra lejos de mi habitáculo, y puede significar la confirmación de que no estoy solo en el mundo, de que hay más animales que se expresan con desgarrador sentimiento. Como es tan largo, dejo ahora mismo la primera parte del texto:

No recuerdo muy bien mi lactancia en el gallinero. Lo único que sé es que tuve mucha suerte de que no me cogieran cuando era huevo para hacer conmigo una tortilla de patatas. Crecí y me crié entre pollos de mi misma generación. Siempre fui el rey del corral, pero sin embargo mis otros compañeros se reían de mí y me decían cosas muy fuertes para un pollo de mi edad, y que además no debería mecanografiar en este relato, mi autobiografía.
A decir verdad, no era muy afortunado con las compañías. Encima, mi círculo de amistades se cerraba aún más cuando mi madre, que en paz descanse, me gritaba en el oído (los pollos no tenemos orejas) y me decía:
— ¡Kikirikini — que, por si no lo sabías, es mi nombre —, te he dicho mil veces que no te juntes con esa chusma! Yo quiero para ti lo mejor — por eso soy ahora así de desgraciado, porque obedecí a mi madre, que en paz descanse de nuevo —, y deberías hacerme caso.

Entonces yo la ignoraba, y al llegar al corral mi madre me esperaba en la puerta con un cinturón, sujetándolo fuertemente con sus emplumadas manos y dispuesta a dejarme sin plumones, y decía:
— ¡Te he estado espiando — yo siempre podía disfrutar de mi libertad — y otra vez he visto que estabas con ese pollo tan peleón! Prepárate porque de ésta sí que no te libras: Recuéstate en mi regazo.

Esta última expresión no la decía para que me pusiera a llorar contándole mis penas, por muy acogedora que suene, sino para darme en donde la espalda pierde su nombre con el cinturón. La extraordinaria potencia que tenía en su brazo solamente la reservaba para ocasiones tan especiales como esas.
Como era el príncipe heredero del corral, tenía un profesor particular y no estaba obligado a levantarme tan temprano como los demás pollos, aunque las cosas cambiaron más tarde, lo cual ya lo contaré más adelante en estas líneas. Era muy mal estudiante, y por más que me esforzara memorizando todas las lecciones, se me olvidaban en el momento cumbre del examen.
Ya dije anteriormente que no era muy afortunado con las amistades, pero sin embargo tenía mucha suerte cuando tocaba coger a pollos de mi edad para retorcerles el pescuezo (tú ya me entiendes...) Ahí era cuando me reía yo a carcajada limpia viendo cómo los que me insultaron antes ahora sufrían, y a mí no me atrapaban.
Así se desarrolló mi triste y angustiosa infancia...

[continuará]

Lo dijo un gallipato sobre las 20:52 Envíalo por email:
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08 marzo 2005

Me presento

Saludos a quien lea esto.
Soy un
gallipato. Sí, sí, un gallipato. Habrá quien se pregunte: ¿qué coño es un gallipato? Pues yo te lo voy a responder en unas palabrillas: un bicho pequeño pero feroz, muy feroz, al que le encanta retozar en el agua, y pasar las horas muertas despatarrado tomando el sol, hasta coger una insolación. Tengo un cuerpo alargado, con una cola igualmente larga, dispuesto a retorcerse si la ocasión lo requiere (internarse en tuberías, rendijas, y los más inquietantes huecos)
Mira, si pongo que tengo veintiún años es por la sencilla razón de ser veintegenario, como en esa canción de
Albert Pla. No recuerdo nada, pues a decir verdad, probablemente fuera humano antes que gallipato… podemos estar ante el primer indicio en la Historia de la Humanidad de una reencarnación, porque si no, no me explico cómo soy capaz de pensar, de escribir, de sufrir las inquietudes de un… macho.
Qué vida más dura, tener que
reproducirme de forma tan cutre. ¡Con el gustirrinín que da tocar una teta! Esta es una de mis grandes frustraciones, y por eso estoy deseando que una bella muchacha me dé un beso y me convierta en un apuesto muchacho de pelo moreno y ojos verdes.
A partir de ahora asumiremos que soy la reencarnación de un ser humano en un anfibio
insignificante, para evitar conflictos y discusiones anodinas. Por ahora, me retiro de aquí, pues tengo que ir a cazar un par de larvas como cena, y luego… a dormir pegado a la tubería de la ducha, tan húmeda, tan fresquita, tan… entubada.
¡Felices fiestas a todos!

PD: Felices fiestas porque nunca se sabe quién puede estar leyendo esto, y si está de vacaciones.
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El principio de todas las cosas

Bueno, pues aquí me encuentro, patas a la obra, dispuesto a crear mi rinconcito particular donde dar el salto a la fama y ser el primer anfibio de la historia que llega a construir un blog.

Tengo las limitaciones de mis torpes dedillos, así que habrá que tener paciencia mientras voy adecentando este lugar para que tenga un ambiente más pantanoso. Por ahora estoy haciendo un reconocimiento de la interfaz de Blogger, que tiene nombre de rana.

Muy pronto comenzaré a publicar mis inquietudes. Hasta la vista.

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