20 septiembre 2005

El niño serpiente

Lo prometido es mucha deuda, así que cumplo con mi palabra y retomo la actividad después de un parón por los exámenes más que decepcionante. Pero bueno, no me apetece hablar de la cruda realidad. Prefiero fantasear. Aquí tenéis la continuación de la historia de mi vida. Os recuerdo que el anterior capítulo fue el que aparece aquí.

*****

En la primera sesión con el psicólogo mis padres expusieron el tema mientras yo me entretenía chupando el lápiz solitario de la mesa.


– Por lo que me cuenta, esto es un claro caso de hiperactividad huracanada. Este pequeño – decía el Cebolla a la par que me arrancaba el lápiz de la boca para ponérselo en la oreja. – necesita una ocupación que le consuma la mayor parte del tiempo. Nada de parques con pelotitas ni ositos de peluche musicales. Eso potenciaría su agresividad, pues las pelotas las usaría como proyectiles, y está visto, por lo que me han contado, que los peluches los destroza.

– ¿Entonces qué debemos hacer?

– Cómprenle una mascota. Un perro sería ideal. Y cuanto más nervioso sea, más cansará al niño. Dentro de un mes pásense por aquí para ver la evolución.


No recuerdo el episodio con el perro. Tampoco han querido decirme nada. A saber qué ocurriría con el chucho. Pasado un mes, comencé a ir de forma asidua al consultorio del Cebolla (me llevaban, yo no iba solito) Una de las primeras determinaciones fruto de un aumento en mi nerviosismo fue llevarme con correa. Mi madre dijo que algo debería hacer con la que compraron para el perro, que sería una pena tirarla si estaba casi sin estrenar, y el psicólogo sugirió aquello. Sé que hay correas específicas para niños, pero tampoco se diferencian en demasía.

Me encantaba morder la correa. Recuerdo perfectamente esa sensación. Ayudado por la llegada de los dientes de leche solía morder fuertemente (todo lo que podía) con los incisivos y las encías la tela sintética, llenarla de saliva, esperar unos instantes, y comenzar a succionar el fluido contenido en la correa con otro ejercicio de presión. Se trata de un ritual que se asemeja al de las serpientes venenosas cuando atacan: muerden, inyectan veneno, y esperan a que la presa esté lacia para tragársela; yo no me tragaba la correa, sólo la volvía a morder para recoger otra vez la babilla. Siempre me ha gustado reciclar (aunque no clasificar la basura), y no iba a desperdiciar saliva así como así.

La segunda determinación tomada entre el Cebolla y mis padres fue ponerme delante de la televisión y ver cómo reaccionaba. Para ello era imprescindible tomar notas mientras yo la veía. Con la uno y la dos como únicos canales no había mucho donde elegir. He de decir que por aquel entonces la televisión aún se consideraba educativa; no quiero ni pensar qué habría sucedido si hubieran hecho eso conmigo en la actualidad, todos sabemos cómo son hoy día los niños y la televisión.

No obstante, en la siguiente sesión con el Cebolla hubo algo que le llamó especialmente la atención al analizar los resultados de las anotaciones: tenía afinidad con los bichos...

Lo dijo un gallipato sobre las 15:11 Envíalo por email:
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7 comentario(s):

a las 20/9/05 23:56, Blogger Wolffo dijo...

Buenas Gallipato parlanchín. Que estoy empezando a rehacer lazos y me encuentro con esta segunda entrega... Y me he dado cuenta de que tengo que esperar a lo que sigue.
Un abrazo.

 
a las 21/9/05 00:54, Blogger Deneb dijo...

No he podido parar mi cerebro y ha dibujado una figura amorfa reciclando babilla. Lo siento, creo q no podré dormir esta noche.

 
a las 22/9/05 16:08, Blogger Princesa del Guisante dijo...

Lo de la correa así explicado resulta francamente asqueroso, jajajaaaaaaaaaaaaa

 
a las 23/9/05 03:30, Blogger Gallipato dijo...

Je, je... me alegra ver a viejos conocidos por aquí, hacía tiempo que no os veía :D
Os juro que lo de la correa es verídico, aunque ahora me dé repeculo pensarlo.

 
a las 23/9/05 12:54, Anonymous Bruja del Norte dijo...

poooobreeeeeeeee gallipatooooo, jajajajajaja con la correa del perrito! que le hiciste al perrito?? ein???

un niño hiperactivo tiene que ser... ayssss que doló que doló, una crú ;-P

 
a las 27/9/05 13:37, Anonymous PaTaTiTa dijo...

Yo no veo tan raro lo de la correa, de hecho, siendo sincero, yo también lo hacía... pero con el cinturón del coche cuando íbamos de viaje. Por alguna razón encontraba agradable el retorno de mi saliva con un nuevo sabor salado... en fin, no estás solo Gallipato.

 
a las 27/9/05 20:08, Blogger Gallipato dijo...

Me llena de satisfacción ver que realmente los niños hemos mordido las correas y los cinturones porque están llenos de un rico y nutritivo sabor equiparable al de la papilla de tapioca; no estoy solo, ¡somos muchos los que hemos saboreado el cuero y las telas sintéticas!

 

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