23 mayo 2005

La reconquista

He caído.

Un par de cartílagos picudos y verdosos sobresalen a cada lado de mi cabeza mientras sostengo con ambas patas delanteras el fluorescente del cuarto de baño como si de un mandoble se tratase. Me pregunto dónde andará Darth Sidious. Es un malo tan receptivo a ser odiado que no se le puede coger cariño por ello, al contrario de lo que ocurre con los villanos más famosos, pues ellos ocultan un pasado, un trasfondo, que los convierte en víctimas; Darth Sidious ni eso.

El Episodio III es una lenta agonía. Se sufre progresivamente hasta contemplar impotente los sucesos que han de ocurrir irremediablemente, pues el futuro está escrito en hechos del pasado. La Pasión de Cristo se queda corta al lado de la tercera entrega galáctica. En la película del Nazareno se ve dolor físico y el dolor de una madre; en la del Sith se ve más que eso, también hay dolor psicológico, pero no quiero contar nada más por si alguien no tiene conocimiento de los sucesos acaecidos hace mucho tiempo en una galaxia muy lejana. Es una obligación ir al cine y verla (no sin antes haber tenido una sesión de cine con los otros cinco metrajes)

Han cambiado muchas cosas en este gallipato galáctico desde mi última huella en esta bitácora. He pasado de soñar con un pasaje en un barco pirata a luchar contra clones por la libertad del software libre, reduciendo a escombros el Imperio del Código Cerrado. La pena es que las patentes son una amenaza latente y la Federación de Comercio presiona para mantenerlas a flote.

He de decir que ya pueden enterrarme envuelto en las velas del Tiburón Negro. Ya las tengo en mi poder, soy el capitán de un barco cuya bandera indica su procedencia germana. Y precisamente debido al abordaje efectuado para tomar tan preciada nave he aparecido en las noticias. Me han descubierto. Me fui en silencio del hogar para colonizar y perpetuar mi especie en algún lugar seguro, pero los lazos formados en la concepción de mi ser han sido suficientes como para visitar asiduamente las tierras que me vieron nacer. Y me han visto retozando en una charca. De hecho han comenzado a tergiversar la noticia hasta transformarla en bulo: de nada conozco al sapo de espuelas, y en ningún momento he pretendido reproducirme en un hábitat tan inhóspito, prefiero la comodidad de los lugares limpios, frescos y secos. Aunque si con ello pretendía referirme a lo que me encontré el domingo 22 de mayo de 2005 al llegar a mi guarida, tras mi fin de semana improductivo en Ninguna Parte, es totalmente incorrecto. Este lugar, desde el que ahora escribo, era una auténtica sauna. Tanto que no pude dormir sobre la cañería, antaño tan refrigerante. En realidad no pude dormir sobre ella por un monstruo que apareció por el extractor. Debéis comprenderme, soy un gallipato de dimensiones reducidas y ver alienígenas marrones con antenas y patas inmensas y alas dispuestas a ser desplegadas para abalanzarse sobre mi desprotegido cuerpecillo me impone demasiado. Tuve que armarme de valor, y en un fabuloso acto de valentía comencé a teclear SOS por Internet.

Llegaron refuerzos en un breve lapso de tiempo. El equipo exterminador incluía Cucal y zapatillas con pinchos, pero al parecer no era suficiente y los refuerzos se hicieron con una lata vacía de Nesquick y un gorro de pesca para cazar con seguridad; la lata para enjaular al alienígena de tez marrón, y el gorro para prevenir la caída del cabello si en un ataque de furia la inmundicia se decidía por engancharse al peluquín. El alienígena superaba con creces mi eslora, y tras una buena dosis de gases tóxicos comenzó a dar tumbos hasta quedar patas arriba, clamando piedad. Pero la venganza del valiente Sith en que me he convertido ya advertí que sería terrible. Allí se quedó, dando vueltas sobre su espalda, estirando patas y antenas. Tuve que miccionar en otra guarida, más que nada por no molestarle en sus últimos segundos de vida. Mientras se debatía al borde de fenecer, yo me dediqué a poner música, y a falta de una buena Marcha Imperial, me conformé con hacer sonar el último disco de Mamá Ladilla, que no es moco de pavo.

Y de pronto aconteció todo muy rápido. Abrieron de golpe la puerta de mi guarida. Eran los refuerzos acompañados por refuerzos, dispuestos a aplastar de una vez al alienígena y acabar con su agonía. Emitió un crujido espeluznante.

Así pues, aquí me encuentro, dispuesto a dar guerra de nuevo, pero con los refuerzos en la recámara por si aparecen más seres inmundos. Los que me creían muerto se habrán percatado de su error de juicio. Esto sólo ha sido el comienzo, únicamente para dar muestras de mi resurgir, más anfibio que nunca.

¡Bienvenidos de nuevo a mi ciénaga!

Lo dijo un gallipato sobre las 16:57 Envíalo por email:
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3 comentario(s):

a las 24/5/05 23:55, Anonymous Patatita dijo...

Gran post, sí señor... Me alegro de volver a leerte pequeño gallipato.

 
a las 27/5/05 02:21, Blogger Deneb dijo...

Ummm, un gallipato teme unos pequeños seres inmundos q se hacen llamar cucarachas??? Me ha sorprendido xDD Si les pegas un pisotón y no dicen ni "miau" jajaja. Claro, q tambien me dicen a mi eso de los saltamontes, y soy incapaz de ver uno de cerca... BICHOS ASQUEROSOS! Con lo bien q se esta en invierno sin ellos...

Saludos!!

 
a las 1/6/05 13:39, Blogger J. dijo...

Que ganas de volver a leerte...se te hechaba de menos...

 

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